DESARROLLANDO UNA CULTURA DE SEGURIDAD Y PREVENCIÓN EN PANAMÁ

por Sep 7, 2020competencias blandas, Safety Management

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APDIP, como organización interesada en la promoción, difusión y utilización del conocimiento bajo el ámbito de administración de proyectos, construcción, ingeniería y arquitectura, desde el punto de vista del Project Management, es muy importante resaltar que es indispensable contar dentro del equipo de proyecto con los idóneos relacionados a las áreas de conocimiento específicas, que puedan aportar a través de un análisis de expertos el approach necesario para presentar e implantar de la forma más eficiente las soluciones más acertadas en el universo de cada proyecto específico.

Si bien es cierto que para comparaciones es mejor empezar con uno mismo, no es mal ejercicio hacerlo objetivamente, siempre y cuando al hacerlo no se caiga en complacencia donde nos veamos en mejor estado que otros, ni en desespero donde sea todo lo contrario. Como país, precisamente, la evaluación comparativa y objetiva respecto a otros países en desarrollo y países desarrollados, puede arrojar datos cruciales para priorizar las áreas en necesidad de mejoramiento. En Panamá una de estas áreas que requiere refuerzo es sin duda, la Cultura de Seguridad y Prevención.

Justamente el concepto de cultura resulta complejo y aborda un sinfín de significados, entre ellos el siguiente:

“Cultura se refiere al conjunto de bienes materiales y espirituales de un grupo social transmitido de generación en generación a fin de orientar las prácticas individuales y colectivas. Incluye lengua, procesos, modos de vida, costumbres, tradiciones, hábitos, valores, patrones, herramientas y conocimiento.

La función de la cultura es garantizar la supervivencia y facilitar la adaptación de los sujetos en el entorno.[1]

Actualmente, la tendencia generalizada que ha marcado nuestra historia moderna es de una cultura de seguridad reactiva, evidenciada donde los correctivos operacionales o legislativos ocurren después de que incidentes con pérdidas trágicas suceden y en ocasiones, solo hasta que el clamor de la sociedad por justicia y por reformas se aquieta o calla por completo, por ejemplo lo sucedido en Panamá en la Tragedia de La Cresta del 23 de octubre del 2006, las inundaciones en Panamá Este del 2010 y los distintos incidentes de explosiones en edificios por instalaciones de gas defectuosas, entre otros.

Sobre lo anterior expuesto radica el génesis del dilema: la carencia de una apropiada cultura de seguridad y prevención, más allá de ser la culpa del estado, rádica en la falta de interés colectivo por mejorar, sin embargo, no es tan simplista, puesto que otro componente esencial del que carecemos también juega un rol indispensable en crear este interés: la educación integral.

Al evaluar comparativamente tenemos países como Japón (modelo por excelencia) en donde la cultura de seguridad es prioridad en todas las aristas de cotidianidad, para nosotros, casi una utopía. Un poco más cercanos a casa y en una escala más relacionable y potencialmente alcanzable, tenemos países como Chile y México, que también gozan de importantes avances en la generalización de una cultura de seguridad y prevención en la ciudadanía.

Panamá, por muchos factores como su ubicación geográfica, las rutas de transporte marino, su importancia en la banca internacional, el comercio exterior y su rica diversidad cultural, tiene a su favor muchas ventajas hasta ahora desaprovechadas para desarrollar un efectivo cambio en pro de la seguridad y prevención colectiva.

Es importante definir el tipo de seguridad a la cual nos referimos: en ingles se nos facilita la separación de las dos líneas de seguridad  puesto que se utilizan dos palabras para claramente diferenciarlas: security y safety en donde la primera se refiere a la protección activa ante amenazas (más asociada a la protección contra actividad criminal) y la segunda está ligada a la implementación de medidas preventivas para evitar que ocurran ciertos riesgos o accidentes. Por ende, el recurso típico para definir los dos ha sido seguridad y protección o prevención, para los propósitos de este artículo, estaremos relacionando la cultura de seguridad y prevención bajo el paraguas de la palabra safety en el contexto de medidas preventivas y la seguridad ante eventos adversos.

La idiosincrasia del panameño es nuestro país está “bendecido” y “ajeno” a los eventos adversos que aquejan otros países como terremotos y huracanes, entre otros. Sin embargo, geológicamente Panamá está situado en proximidad de zonas de convergencia de varias placas tectónicas y la actividad volcánica es constante a pesar de ser en menor escala, y nuestro clima tropical es tal que contamos con lluvia durante 8 meses del año; ya vemos como ésta cantidad de lluvia logra afectar a distintas zonas de riesgo con inundaciones que provocan pérdidas tanto materiales como humanas y de animales. He aquí, un primer cambio de actitud. Los Bomberos tienen una máxima sencilla: las cosas no pasan hasta que pasan. Es un error de conducta pensar que las condiciones no cambian o que a mí no me pasará, cuando lo correcto es observar las condiciones cambiantes y adaptar las conductas acordemente (cambio climático, incremento de la densidad poblacional, suelos debilitados, cambios en los cauces de los ríos, entre tantos otros factores).

Tan solo con cambiar nuestra actitud complaciente sobre la seguridad y prevención tomamos un importante primer paso para desarrollar mejoras. En edificios altos, muchas personas instintivamente expresan su ansiedad de que los camiones de escaleras de los Bomberos no alcancen más de una altura de apenas 5 o 6 pisos, cuando Panamá figura como 15 entre los primeros 20 países con mayor cantidad de edificios altos (52 por arriba de los 150 metros y 23 por arriba de los 200 metros)[2] a pesar de ser un país pequeño y de baja población.

Dicho esto, la verdad es que la preocupación no debe radicar en la capacidad de los equipos de los Bomberos, sino en que el propio edificio cuente con los dispositivos de detección, prevención y control de incendios. Tanto para edificios de uso residenciales y comerciales, es importante no solo que se construyan con estos elementos presentes, sino más imperativo que se mantengan en buen uso y se les dé el mantenimiento correspondiente de manera constante y permanente.

Lo anterior requiere que los propietarios e inquilinos exijan que los paneles de alarma contra incendio, los rociadores, los tanques de reserva, bombas, conexiones para bomberos, líneas de suministro de gas, señalizaciones e iluminación de emergencias, entre otros, estén siempre presentes y en perfecto estado. El cambio de actitud infiere compromiso de parte de todos al saber que esto conlleva un costo que debe ser asumido y desembolsado. Muchos podrían objetar a esto cuando la incidencia de emergencias es baja, pero gracias a que estos sistemas funcionen tendremos menos emergencias, y en caso de ocurrir, los daños se minimizan con un rápido control, siendo esta una buena justificación en el cálculo del retorno de la inversión.

Los componentes legislativos de la seguridad y prevención también están sujetos a mejoras. Si bien es cierto que muchas normativas de seguridad ya están tipificadas en las leyes de la república panameña, debemos reforzar su estricto cumplimiento. Esto infiere también reforzar a los estamentos responsables de fiscalizar este cumplimento, como el Benemérito Cuerpo de Bomberos en cuanto al estado de los Sistemas de Protección Contra Incendios, los sistemas de suministro de gas, entre otros. Las leyes pueden existir, pero si carecemos de los recursos para hacerlas cumplir, el objetivo se torna ineficiente.

Es importante resaltar que la educación es el componente que a criterio tiene el mayor impacto universal. Un cambio de actitud es tan solo el primer paso, la educación es la herramienta para lograrlo. Al instruirnos sobre las mejores prácticas preventivas, las dinámicas sociales que deben llevarse a cabo, logramos normalizar la seguridad, y prevención se transforma en elemento inherente a lo cotidiano.

De esta forma, desde temprana edad educamos a las próximas generaciones a validar los ejercicios de desalojo como prioridad dentro del ciclo escolástico y de ahí al campo laboral, haciendo de la seguridad y prevención un proceso orgánico y no un estorbo como frecuentemente es visto, además de llegar a entender, para efectos de un mercado cada día más global, que la seguridad y prevención venden.

La Cultura de Seguridad se orienta a estándares y protocolos, pero también a la sociedad. No es un sueño irrisorio creer que Panamá puede aspirar a desarrollar una mejor cultura de seguridad y prevención en un corto o mediano plazo, ya hemos dado un inicio y contamos con muchas ventajas, solo queda potenciar la actitud, aprovecharlas y maximizarlas convenientemente.

[1] «Cultura». En: Significados.com. Disponible en: https://www.significados.com/cultura

[2] https://www.skyscrapercenter.com/countries

Autor

Sargento 1ro. (Bombero)

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